La luna negra abre sus brazos a Venus como estrella de la mañana: preparando el descenso
La luna negra es el símbolo de la gran madre cósmica, una sonrisa confiada que vela antes del alba entregando su creación al mundo. Es la que no encierra ni acapara, es la que sublima y sostiene sin hacer. Es el final de un ciclo, la última frase de un libro y la sensación de un trabajo bien hecho con la sabiduría experiencial de haberlo vivido.
Una mirada interna que muestra el mar interno y el cielo que lo cubre, un susurro del silencio, el lenguaje del cuerpo y cada símbolo que se expresa fuera. Un paso de conciencia tras un caminar onírico.
La maternidad solo es un éxito cuando deja de ser necesaria. La libertad es la necesidad de llevar la vida más allá del hechizo.
Igual que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones, el camino iniciático está empedrado del reconocimiento de perversiones propias que proyectamos fuera. El salto cuántico de darse cuenta.
El amor se niega a seguir siendo prostituido en una navegación que invita a estar cómodo también en la incomodidad. Tras ese acto se descansa.
La abundancia es directamente proporcional a la plenitud con la que se expresa el ser
a la capacidad de abrirse y darse.
Arte: Danielle Noelle
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