Si quieres ir un paso más allá en las inercias que te provocan dolor y sufrimiento el momento está siendo.
Todo lo que está haciendo la vida es anunciarte que estás preparado y por ello te muestra esos laberintos que te apegan al drama.
El primer paso para salir es verlo.
Nadie y nada puede herirte sin tu consentimiento.
Sólo te hiere una forma de gestionarlo que depende de una memoria y que te hace víctima de ella.
Tampoco es necesario culpar o herir a nadie con tus propias heridas.
El que parece verdugo puede ser un faro para que puedas ver que tu modo de gestión es el verdadero verdugo.
Ese es el mayor enredo, proyectar fuera algo que uno mismo convoca para tenerlo delante de sus ojos.
Uno de los propósitos de los últimos tiempos con sus sacudidas es mostrar esa herida primaria que necesita ser vista y llevada a otro nivel de experiencia, para poder convertirse en una llave mágica que abra cofres de tesoros.
Para cruzar este portal de sanación lo primero es tomar contacto con aquello guardado que duele, y que cuesta afrontar creando una inercia de protección y proyección para no verlo.
Inseguridad, rechazo y exclusión que en algún momento sentimos desde los afueras, y que se convierten en los cimientos de toda la construcción de nuestro ser, siendo nosotros mismos los que empezamos y terminamos rechazando y excluyendo esa parte primaria, y huecos donde faltó el amor y que duelen cuando el amor llega.
La llave
La clave para que esa herida se convierta en llave está en aprender a mirarla como un impulsador de nuestro potencial, algo completamente necesario en el despliegue de nuestra virtud.
La prueba para poder ver el lugar que ocupa esa parte visceral es su funcionalidad.
Si la usamos para sanarnos a nosotros mismos y a los demás, ya es una llave.
Si no está siendo vista ni atendida probablemente hagamos daño con ella.
La responsabilidad de usar esta parte esencial como fuente de sanación es completamente personal e intransferible.
Puede que no podamos elegir lo que sucede, pero el poder de darle un peso y un espacio a aquello que acontece sólo pertenece a cada uno.
La puerta
La puerta a la mayor de las grandezas de cada ser está en su parte más vulnerable.
Cruzar esa puerta es la simbiosis de herida y don para convertirlo en siddhi.
El tiempo navega rumbo hacia la auto-conquista de los cimientos personales, para poner conciencia en aquella parte núcleo que gobierna. Y la conciencia de que sin conciencia va a gobernar igualmente pero en la sombra.
El precio que tiene este proceso es la evacuación de inercias vinculares que nos lleva a convocar esas experiencias por destino para que un otro detone nuestras heridas por no ser capaces de reconocerlas por nosotros mismos.
Entrando en la temporada de eclipses
La vida con su generosidad sólo quiere acompañarte para que hagas el proceso alquímico con tus vísceras. Puede que ya no hagan falta ciertas corazas protectoras.
Entramos en una temporada de eclipses de revelaciones en el eje Aries – Libra donde contactaremos con la potencialidad de cambiar dinámicas vinculares basadas en la soberanía personal y afinadas al nuevo tiempo.
Recuerda que la relación siempre es con uno, y que lo de afuera sólo es una escenificación externa de lo que sucede dentro.
Atrévete a coger una linterna y mirarte con atención, amor y ternura para dejar que el amor te sane el corazón.
Sólo la mirada del amor puede vencer al miedo.
➝ Decantación:
¿Me hago responsable de reconocerme en lo que convoco afuera?
¿Qué espacio y que peso le doy a aquello que duele?
¿Lo alimento o me nutro con ello?
¿Cómo maquillo mi inseguridad?
¿Me atrevo a mirar en mis profundidades?
¿Cómo manejo mi fuego para que ilumine y no queme?
➝ Astroexcusas:
✦ Localiza el segundo decanato de Aries y la casa que ocupa en tu carta: Allí se está mostrando algo oculto y muy profundo. Allí está el núcleo de tu ser.
✦ Localiza las casas que ocupa el signo de Libra. Allí se vacía una forma de establecer vínculos.
✦ Localiza tu Quirón natal. Él vehicula todo este proceso. Allí está la herida y la llave, el núcleo y el siddhi.
Espero que te sirva.
Olmo.
Fotos: @eliapelle
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